Su maravillosa hospitalidad

Desde Europa occidental, cuando oimos hablar de la gente de los paises del este lo primero que nos viene a la cabeza es que son gente seria, fría, cerrada y con la que es muy poco probable que tengamos algún tipo de vínculo. Dentro de ese grupo de paises, por supuesto, está Polonia junto a otros más. Por eso he dicho anteriormente “lo primero”, porque cuando vives con ellos, te integras en su sociedad, entiendes sus constumbres o conoces cómo piensan, tu idea inicial desaparece por completo.

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Si has visitado Polonia por unos días/semanas tendrás una idea bastante superficial de la realidad de cómo son los polacos, pero cuando convives con ellos en el día a día, te das cuenta que es una sociedad maravillosa (lógicamente existen excepciones como en todos los paises), dispuesta a darte lo mejor que tienen de ellos para que tú, que has dejado tu país por diferentes motivos o razones, no lo eches tanto de menos en la medida de lo posible.

En esta entrada voy a hablar de mi experiencia personal que es la que conozco. Gracias a mi mujer, que es polaca, he tenido (y tengo) la suerte de conocer más de cerca sus costumbres, sus formas de ser, cómo piensan sobre diferentes temas y el gran corazón que tienen cuando te das a conocer ante ellos.

Esta claro que el primer contacto con un@ polac@ siempre es duro. Como ya sabéis, si no os conoceis de nada, eso de dar dos besos es una ofensa y hay “riesgo de cobra”, por eso siempre se da la mano independientemente del sexo de la otra persona. Una vez roto el hielo y después de haber hablado en polaco/inglés/español/swahili durante un tiempo, ya os conocéis un poco mejor los unos a los otros y os despedís con un beso o un abrazo.

Cuando ya han pasado varias semanas por ejemplo, llega el momento de “quizá puedes venir a mi casa mañana y preparo algo para cenar/beber”. A diferencia de los occidentales que quedamos la mayoría de las veces con nuestros amigos para tomar unas cervezas en el bar de turno o para cenar en un restaurante cool, los polacos son más de invitarte a sus casas para comer algo y beber tranquilamente, sobre todo cuando el “Winter is coming”. ¡Oye! Una cosa quiero dejar clara, también hay muchos que salen a bares o restaurantes como hace todo hijo de vecino… ¡No os vayáis a pensar que no saben lo que es la vida en la calle!

Cuando un polaco ya te abre su casa, te está dando a conocer algo más personal, quiere que le conozcas mejor y poder entablar una relación mucho más cercana. En cuanto superas esta barrera cultural, ya no hay stop (como las Pringles), preparan muchísima comida rica y te das cuenta de las neveras tan grandes que tienen cuando empiezan a sacar más y más botellas frías de vodka y cerveza como si no hubiera mañana. El resultado final os podéis imaginar cuál es…

En definitiva, independientemente de los recursos que tenga cada uno, siempre te dan lo mejor que tienen para que te sientas como en casa y eso, cuando vives en otro país, se agradece y mucho.

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